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       7:00 a.m. Paquito, alias Pakiman, apaga el despertador LEGO Star Wars modelo “tropa de asalto”.  Qué satisfacción le produce contemplar su pequeño tesoro.

Cáspita. Su madre no le ha preparado al microondas sus fantásticas zapatillas Hot Slippies. Ay, tendría que haberlas metido a calentar dos minutos antes de que se despertara para que su pequeñín no tuviera los pies fríos. Qué olvido tan tonto ha tenido. Vamos, que su progenitora no está para nada adaptada a la vida enriquecida por los geeks. La pobre, cuando llueve, sale con un paraguas normal y no el paraguas-samurai de su hijo. Por dios, con lo que mola ir por la calle con la katana, igualito que en Rurouni Kenshin. Diossss, él querría ser así, un samurai mercenario.

   Lo primero que hace es ir al baño, como todo el mundo. En esta ocasión, Pakiman se sienta en la taza, resopla, hace sus “cositas” y mientras tanto, coge el boli que está siempre preparado sobre la cisterna y….. se pone a solucionar los sudokus que están escritos en su Papel Higiénico Sudoku, reservado sólo para él, nadie más lo puede gastar, es sólo suyo, no lo toca ni su padre.

     La madre ya le tiene el desayuno preparado. Se lo come todo con avidez. Después del banquete, en el momento cumbre del cepillado de dientes, mira orgulloso su….Hi-Ya Ninja, que le desinfecta el cepillo de dientes cada noche para no tener contacto con germen alguno…. por si cuela y se liga a la compi del trabajo, la que se sienta en la mesa de enfrente. Nunca se fija en él, igual es que está muy ocupada con su papeleo, con las miradas taaan interesantes que le echa y lo bien que le huele el aliento….

   Ya sólo queda arreglarse. Peina su melena, escasa, frente al espejo. La calvicie apareció hace algunos años de forma temprana pero a Pakiman no le preocupa. Piensa que le da un toque de “glamour”. Se viste de forma ritual, prenda por prenda, todas ellas de tonos marrones y negros, hasta finalizar con las botas militares y su gabardina, comprada en los noventa, para terminar de rematar la estética global, una mezcla góticaThe Cure (Robert Smith seguirá siendo por los siglos de los siglos,el ser humano más guapo jamás nacido)-guerrero medieval-espía de la Stasi-Viserys Targaryen. Ay éste último, a Pakiman le parece el ejemplo auténtico de hombre-leynda. Vamos, casi, casi como él. Viva “Juego de Tronos” y toda la fantasía épica, viva el Rol y los comics, vivan los dados y el merchandising japonés.

    Su madre le mira desde la cocina antes de disponerse a salir al mundo real, ese espacio hostil en el que todos  le “scannean” en el metro y nadie pone buena cara cuando saca su power ball en el andén para matar el tiempo y hacer un poco de “gimnasia”. Pakiman devuelve la mirada a su progenitora, se atusa el pelo, algo graso por la falta de tiempo para cuidarlo (tanta lectura le come los días) y suspira. Su madre menea la cabeza y le dice lo de siempre, “cuándo cambiarás Paquito, que así ni te echarás novia ni harás nada de provecho, con lo majo que eres, pero vamos, que te tengo dicho que tires esas botas, que están ya roídas, huelen a “quieto” y vas por ahí enseñando los calcetines por entre los agujeros que llevas en las suelas”. “Tira las botas, mañana no las quiero ver en casa, tíralas ya, dios, qué pesadilla”.

    Su madre no lo entiende, no sabe que esas botas son lo más de lo más, con ellas ha ido a todos los conciertos de RamsteinWithin TemtationDepeche Mode, The Cure, Epica, Doro, Iron Maiden, Nightwish, Marilyn Manson, Lacuna Coil… esos conciertos han supuesto los mejores momentos de su vida, conforman su biografía, los grandes recuerdos que un chico pueda tener. Siempre rememorará, hasta el momento en que le toque ir a la tumba, la sensación que le provocaron esas canciones, el bullicio de la gente, las luces, el sentimiento de que Martin Gore cantaba sólo para el su precioso “Somebody“. Ay, esa canción,la más bonita de la historia, sería increible poder cantársela a la chica de la ofi. Un día se la grabará en un CD, claro que sí.

http://youtu.be/lFXELQ1AwRQ (Somebody, Depeche Mode).

 Él reconoce que, probablemente, sea un poco rarete, los de su oficina le llaman “el friki“, claro, como ellos no han visto en su vida Bola de Dragon no saben que ese tipo de cosas te transforman, ya no eres el mismo después de tomar contacto con ellas, para el resto de tu vida captas una esencia escondida que tienen y que te hacen comprender que hay tesoros que nadie ve, que sólo personas con una sensibilidad especial son capaces de disfrutarlos. Y eso es un privilegio, una ventaja adaptativa en el mundo terrible que nos acecha. Claro, si la chica de la ofi entendiera eso, vería en él a un mago capaz de destapar auténticas cajas de sorpresas. Y este “bicho raro”, con todo el amor del mundo, le regalaría a ella su corazón más “friki”, uno algo rarito y no siempre atractivo, pero lleno de ilusión y fantasía.

********* Este capítulo de mi blog está dedicado a todos los frikis incomprendidos del mundo, que son muchos. Su gran capacidad para disfrutar de los pequeños gran detalles les hace únicos. Yo me incluyo en esta “tribu”, puesto que mis gustos y aficiones a veces no son compartidos por los que me rodean, suelen suscitar sonrisas o por lo menos sorpresa y a fin de cuentas, nadie como yo para entender  mis hobbies en todo su significado. Comprendo a los que se emocionan observando geeks con luces de neón, leds, sonidos ultracósmicos, grupos de música con conceptos melódicos extravagantes, ropas de mi absoluto gusto (a nadie le tiene que importar lo que yo me ponga, aunque sea algo metalizado o de plástico). Nada me hace disfrutar más que escuchar “Somebody” en la soledad de mi coche, carreteando por los confines de España, sabiendo que tengo el bolso lleno de “frikadas” ( libretitas, pegatinas, llaveros con luz, bolis rellenos de líquido y purpurina, CDs de grupos que no conoce si su madre…). Cómo disfruto sacando las cosas de mis cajones en casa para, simplemente, observarlas, ver su originalidad y después, volverlas a colocar hasta la siguiente revisión emocional. Esa sensación de plenitud, de calma por saberme poseedora de tesoros que sólo yo valoro, significa ser FRIKI. Y no soy calva ni tengo cara de “programadora informática que sólo ve el sol cuando sale a comprar juegos de rol a la tienda de la esquina”. No. Tengo una profesión, una familia, un entorno normal. Pero mi corazón, mi espíritu, son frikis. Sólo yo me creo la reina de la alfombra de bailar, canto pop japonés en el coche, llevo una bolsa de té en el bolso por si la necesito usar, soy gótica y fan de Hello Kitty a un tiempo, estoy “enganchada cual droga” a hacer puzzles y veo cine albano-kosovar. Esa soy yo. Y así es mi gente. Un chico me puso en su vida, sin ser FRIKI. Se arriesgó a ello. Y de momento, creo que está más que satisfecho con la elección. Pongan un friki en su vida. Se la enriquecerá hasta límites que nunca hubieran imaginado.