Esta tarde he tenido una interesante conversación con una de mis mejores amigas, para mi, actualmente, también heroína. El motivo de mi admiración es la lucha titánica que está realizando desde que se quedó embarazada, hace ya muuuuuucho y tras muuuuuucha lucha contra la biología, hasta la actualidad, con las noches en vela por la lactancia, el aprendizaje continuo sobre un terreno para el que nadie le explicó nada, contra los malestares físicos, el cambio de rutinas o la bienvenida a una tremendamente larga, con estar alejada del trabajo y su frescura ( me parece terrible tener que reconocerlo, pero a veces ir al trabajo es muy sano). Y todo esto por la llegada de una niña que es preciosa, un sol y sobre todo, ha tenido la suerte de nacer en un nido donde es muy querida.

    Y ahí toco yo un tema que me da…. cierto respeto, por no utilizar una palabra más…… catastrofista. Siempre me hago una pregunta que a la gente le hace gracia, pero a mi, desde luego no. Es la siguiente: ¿y si el niño que me nazca no me cae bien?. Vamos a ver, no es una pregunta tan rara, no es obligatorio que te caiga bien un padre por el hecho de serlo o un hermano, que te tocó por lotería biológica y no elección propia de la madurez y la biografía. Cuántos casos conocemos de hermanos que se toleran porque no tienen más remedio y que luego tienen grandísimos conflictos con las herencias y los cuidados de los progenitores. No es fácil tener la buena lotería ( aunque conozco casos) de tener un hermano que sea tu amigo y con el que puedas compartir realmente tu vida. No. En todo caso, con él repartirás a tus padres por quincenas y con él podrás contar en caso de que tengas que pagar la fianza de una detención. En esas ocasiones, da vergüenza y auténtico reparo social decirle a un hermano que no te apetece pagarle la fianza. Así que pagas, y punto. Y después rezas para que no te pida un préstamo, no se le ocurra la iniciativa de formar un negocio contigo o que se eche una novia insoportable. Así que las loterías están para recibir sorpresas y pocas veces son buenas. Supongo que el que tenga un gran hermano se estará echando las manos a la cabeza. Pues que no lo haga, que no niego que existan esos casos. Pero de verdad, son los menos. Sobre todo cuanto más mayores nos hacemos, más problemas surgen.

    Y claro, vuelvo al tema bebé. Eso también es una lotería. Claro que la educación que reciba y su boleto ganador en cuanto a los padres que recibe, van a influir para que se decante la balanza hacia el lado del hijo obediente, educado y bueno. Pero hay cosas que se te pueden escapar de las manos en las primeras etapas y sobre todo, hay cosas…. que vienen de serie. Y a veces veo padres en consulta que son normales, que no han tenido la intención de hacer las cosas mal, pero el niño se les torció. No es un latin king ni un terrorista. Simplemente es… un niño de esos desagradables que te gustaría que no te tocaran como hijo. Pero a ellos les tocó. Y te miran, impotentes, mientras se avergüenzan del espectáculo que su retoño está dando en la sala de espera o sobre la camilla. No obeceden, no entienden jerarquía alguna, te miran y con sus ojos fríos te desafían como de igual a igual. Pero qué se habrá creído el mocoso retándome desde sus mocos y sus toses. Y los padres, los que no son unos becerros que se merecieron lo que sembraron, miran al profesional y niegan en silencio con la cabeza. Ay, madre mía, si hubiera evitado ceder aquel primer día, si hubiera sido más duro con lo del chupete, que no, que ni para viajar, ni para cuanto se pone ñoño con los catarros, que niño que camina, chupete fuera, no, si es que cedimos pronto a lo de los sabores de ibuprofeno solución, ay, dichoso Dalsy, dichoso Apiretal, ay, y luego que no quería masticar cosas duras, y yo le decía a mi mujer, que no Mari, que hacemos mal cediendo, que siempre come galletitas y pan de molde. Pero claro, tu madre siempre de por medio, que si pobrecillo, que si llora, que cógele, ay por Dios Mari que no hagas caso de tu marido que no tiene ni idea, que le cojas, que quiere teta, ponle el tete y que se calle de una vez, ay Mari por dios hija qué torpe eres, que 37º ya es fiebre, no le hagas caso al médico que yo soy más vieja, ay Mari, que el niño tose, igual se muere, que le lleves a urgencias, ay Mari, hija. Y claro, Mari y marido para arriba, Mari y marido para abajo, y el niño como centro de atención. Y ellos lo hacen mal y claro, una se autoanaliza y cree que, llegado el momento, no pecará de floja. Porque estos padres de las galletitas son unos “moñas” de cuidado. Y claro, una no cree serlo. Pero…. luego las cosas se pueden torcer. Y me sale un dictador, o porque venga programado o porque el entorno lo haga por él.  Hay cosas que después tienen una difícil solución. Esto no es “La naranja mecánica”, no puedo lavar cerebros y volver a escribir. Y claro, igual no me cae bien, igual la lactancia me va a dar problemas, igual mi hijo tendrá supercólicos del lactante, igual estaré abonada al Flumil para las otitis de repetición.

    Importante handicap el de entender todo lo que le puede pasar al niño, no sólo en salud, sino en psicología. Y haces la lista en la cabeza de las complicaciones posibles del embarazo y parto, de todos los tomos de pediatría que te has tenido que chupar… y todo te parece un avismo. Porque los demás padres no tienen ni idea de las variantes, pero tú sí, te las sabes de memoria, como antes nos sabíamos los afluentes del Duero. Y después de toda esta sabiduría, si encima te sale un “Chuky”, pues apaga y vámonos.

   Mi pareja dice que soy una exagerada, que siempre estoy igual. Claro, el es varón, no se embarazará. Y la criaturita de la cuna será más dócil con él porque él será el bueno, el que jugará con ella y le querrá a toda costa. Pero las madres en su desesperación tienen un puntillo de “lo mataría” que un padre no muestra tanto. Y el varón estará encantando con su niño en la cuna y la madre querrá dejarle en el pasillo, como los famosos visitadores de la noche, esos inesperados que te asustan desde el más allá.

    Mi amiga se toma con mucha calma esta etapa de la lactancia y sus complejidades, cosa que me admira. No es radical como otras que conozco y ha asumido voluntariamente dar el pecho como opción, cosa que respeto y de verdad, vuelvo a repetir, admiro. Pero yo me imagino en esas lides y me entra un siroco. No veo ese acto ni mucho menos romántico, tan sólo alimenticio. Y en la ingesta, veo la obligación para el crecimiento, pero no mucho más. Soy mamífera, ya lo estoy asumiendo. Ahora bien, respeto a las mujeres para las que su vida es un infierno cuando empieza esa etapa, o a las que por trabajo no tienen tiempo, o a las que no les apetece y ya está. Variantes hay como colores en la paleta.

     Por favor, mujeres del mundo: no den de mamar a sus bebés en una terraza o frente a un escaparate. No pasa nada porque recorran quince metros más del centro comercial y lo hagan en los baños. Es que ya está bien con lo de “tetas fuera”, y eso que soy la persona más liberal que conozco. Pero no se puede estar comiendo pasta mientras los reflujos caen sobre los hombros de quien te acompaña en la mesa. En una casa y cuando hay confianza sí, pero en un centro comercial y cuando a mi no me une ningún vínculo emocional con la mamá, pues no. Tetas dentro. Por favor, pregunten primero a los presentes. Y estos, por favor, no se crean políticamente incorrectos por ser sinceros y decir que no les apetece lactar en cuerpo y alma.

   Supongo que luego no tendré mucha mala lotería, espero que no. Lo de ser analista y precavida me trae estos sinsabores, todo lo veo antes de que pase. Y claro, los hijos de la ira de nuestro tiempo siempre acechan. Espero, por lo menos, que lo que tenga que venir venga con amor y armonía. Yo ya me encargaré de que sea del Atleti y le guste el Heavy. Larga vida al Rock and Roll… y sus retoños.

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